La mochila es ligera cuando vuelves del camino
Él no tenía interés en hacer el camino. Fue a regañadientes, porque ella sí. Metió demasiadas cosas en la maleta —como casi todos—, aún no sabía que ese viaje le enseñaría a seleccionar mejor. Los primeros días se centró en su cuerpo. Cuando no se acostumbra a caminar, es fácil que aparezcan molestias, dudas, protestas. Alrededor del cuarto día levantó la mirada y comenzó a pasar más ratos en silencio porque su mente estaba ocupada por las cosas que veía. A partir de la segunda semana, las conversaciones entre ambos se tornaron más bellas, más importantes o divertidas; mejores. Un día, se dio cuenta de que llevaba dos sin recargar el móvil. También fueron enriqueciéndose las charlas con terceros con los que compartían desde minutos hasta etapas enteras. Hacía poco que se había cumplido un mes de marcha cuando vislumbraron Santiago por primera vez desde el Monte do Gozo. El olor del botafumeiro y los cruces de miradas entre los que saben lo que ha costado llegar hasta allí hiciero...